sábado, 19 de octubre de 2013

MAITE-

Soy escritora. Estoy escribiendo ahora, bah, lo estaré haciendo en unos minutos, porque necesito inspiración. Ahora, precisamente ahora, estoy haciendo pavadas con el marcador en la punta de la hoja. "Qué se le ve a hacer", pienso. Estoy en mi living-comedor-oficina, y a unos metros puedo verlo a mi esposo con la computadora, mandando e-mails, participando en conferencias, y cada tanto, jugando al buscaminas.
-Necesito aire- le digo- voy a la terraza.
-Mmm...
Respuesta indefinida. Ni sí ni no, ni blanco ni negro. Creo que ni me prestó atención y no sabe qué le dije. Pero, aunque a veces su mente esté en la luna, en el universo y en el buscaminas, lo quiero más que a ningún otro. Miro mi anillo y sonrío, enamorada.
Salí porque, en realidad, pienso que las ideas viajan por el aire. Así son las cosas, necesito aire de ideas. Aunque no es que no las tenga, sino todo lo contrario: tengo demasiadas y ninguna muy concreta. Como un color que aun no está definido o un sonido imposible de clasificar. Bueno. "Me gustaría estar en la playa" pienso de repente. ¿De dónde vino eso? Lo anoto. No sabré de dónde saqué esa idea, pero la puedo necesitar. Recuerdo el mar de mi niñez. Cuando tenía líos en la cabeza (como ahora), me ayudaba a pensar. Me calmaba la mente.
"Mar de ideas", pienso. "La verdad es que mis pensamientos me sorprenden", me digo. Y, finalmente, entro. Esto va a ser un novelazo.

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