Sábado. Una mujer de, alrededor, treinta años entra a esa librería de San Isidro. No es la primera vez: saluda a los empleados y hojea unos libros.
Se abre la puerta. Entra una chica que debe tener 14 o 15 años. Conoce a la mujer. La saluda y no tardan en empezar una charla.
Ahora entra otra persona. Es más pequeña que la otra. Debe tener 11 o 12 años. Encuentra a las otras dos y sonríe. Se acerca a ellas.
Juntas entran a un pasillo lleno de libros y suben por una escalera. Llegan a una sala cuyas paredes están cubiertas por bibliotecas, con cuentos y novelas. Se sientan alrededor de una mesa que está al medio de la sala y comienzan un nuevo encuentro de este taller literario que ya lleva seis meses.

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